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viernes, 18 de enero de 2013

Lo tomas o lo dejas

Está ahí.
Lo ves, lo pruebas, lo sientes.
Y lo sientes muy fuerte. Tanto que empieza a prender la entrañas.
Y arde.
El fuego se expande hacia donde la memoria cobra sentido y el sentido pierde coherencia. Entonces las llamaradas te  recorren por dentro.
A veces duele.
Porque empiezas a conectar la coherencia con los impulsos, terminas haciéndote daño. Quiero decir, ya no sabes lo que puede ser o no bueno para ti, pero sigues adelante. Porque está ahí. No puedes hacer otra cosa, ya no hay forma de pararse a uno mismo.
Terminas completamente loco.
El desquicio te encierra. Te hace gritar, llorar,correr, sufrir, reir, llorar más fuerte, odiar  y quedarte jodidamente solo.
Nadie quiere a un loco. Y finges no estarlo.
Pero al final te das cuenta de que es un sentir más grande que la vida.
Entonces es cuando te quedas totalmente atrapado.
Está ahí.
Pesa.
Ya no sientes nada más. No esperas que pueda haber nada más.
 Mutila los sentidos.
Lo tienes, lo quieres, lo necesitas.
Es mejor que la memoria, que el sentido, que la coherencia, mejor que la gente, mejor que sentir cualquier otra cosa.
Mejor que pertenecerse a uno mismo.
Yo ya no me pertenezco.Porque está ahí.
Estoy ardiendo. Me duele. Estoy completamente sola, porque me he vuelto loca.
Pero me gusta.
Suelo sentirme vacía y cuando encuentro algo que me hace sentir viva, lo guardo, lo protejo, lo hago mío.Aunque yo me vuelva suya.
No necesito nada más.
Porque ante todo,
 puedo dejarlo cuando quiera.

Y yo, como vosotros, no soy más que sierva del deseo.


domingo, 16 de diciembre de 2012

Pertenencias.



Últimamente me he reventado la cabeza al pensar a golpes.

Y he llegado a la conclusión de que luego voy a negarlo todo.
Recopilé instantes de mi pasado y persona. Y,vi que cuando me doy cuenta de que empiezo a ser quien quiero, huyo de mi misma, escapo de la meta, y me aferro a alguien o a algo que me haga sentir más humana.
 Es el simple hecho de rozar con los dedos lo soñado, para que la inseguridad sea capaz de ahorcarte con incontables dudas.
¿Lo estás haciendo bien?
Y la autodestrucción tacha todo lo conseguido hasta el momento.
Comienzas a ver una mancha y no te centras en nada más, no ves que a su al rededor hay un centenar de manos que prometen ayudarte. No, no las ves. Y la mancha se extiende hasta el punto de encontrarte en un nada inmenso.
Ya no eres tú mismo, porque te acabas de ensuciar por dentro.
Y decides comenzar de nuevo.
Lo borras todo, escondes esas dudas, pero nunca se van y te ves envuelto en ese círculo de caos.
Pero en el caos siempre encuentras algo.
 Ese miserable ser que se muere por sentirse vivo.
Quieres ayudarle, quieres enseñarle que hay algo detrás de esa mancha, que nadie nunca está solo. Entonces te olvidas del lazo de pesimismo que te une con aquella persona vacía.
 Y terminas por llenarla.
Al final te das cuenta de algo. Algo que siempre negaste, evitaste.
Que las personas nos necesitamos.
Y es esa persona quien en realidad te ha llenado a ti.
Nos pertenecemos a nosotros mismos, pero necesitamos un poco de los demás.
A veces quiero depender de alguien.


Y a veces lo hago.



sábado, 20 de octubre de 2012

A fuego.



Nos gusta vivir deprisa, al límite de nuestras posibilidades.




Es el morbo de la velocidad.
 El vivirlo todo tan intenso que al día siguiente se convierta en un recuerdo nublado. O  más claro que el presente que estés viendo.
El ansia. Rápido más rápido. Y fuerte.
Entre perder el sentido y el placer de vivir sin ser.
Nos gusta que la coherencia pierda razón, actuar sintiendo sin pensar.
A veces hay que frenar.
A veces lo intenso se vive suave. Despacio, degustando cada acción, despedazando cada momento.
Tenemos que frenar, pensar en lo que hacemos y como lo sentiremos. Asegurarnos de que lo recordaremos con orgullo, satisfacción. Asegurarse de no arrepentirse de nada.
 A la mierda con eso.
No, sigue viviendo rápido. Disfruta a la fuerza.
El futuro es el presente. No hay que construirlo, deja que surja.
Porque dejarse llevar es el mayor placer descubierto por la mente.
Algo brutal. Acelerado.
 Sin respirar.
Temblar por dentro, correr por fuera y nunca mirar hacia adelante, nunca mirar para atrás, mirar en ti.
Pisar muy fuerte, sintiendo el momento.
Ese fluir que a la vez te paraliza.
Que hace que esa corriente de emociones moje tu cuerpo.
Imágenes en descontrol que te presionan los ojos.
Pulso tan vibrante que huye por los dedos.
Sensaciones tan fuertes que circulan por tus piernas.
Un vivir tan grande que te hunde el pecho.
Gritos tan espesos que llenan la boca.
Estamos para hacerlo todo muy fuerte.
La velocidad para el placer.
 Hasta el día en el que te pares en seco.